Resumen ejecutivo
Señoras y señores de la junta directiva, es decir, yo, mi otra yo que no duerme y la voz que vive en mi cabeza: presento el informe de gestión de lo que va del año a casi 4 meses de mis 40.
Una aclaración antes de empezar: llevo 16 años haciendo informes para otros. Sé manejar un indicador en rojo para que parezca "una oportunidad de mejora". Esta vez prometo no hacerlo. Se recomienda leer con un tinto en la mano y algo de compasión.
Indicadores clave de desempeño
- Horas de sueño: meta, ocho. Resultado, cinco interrumpidas por un niño con pesadillas y par pensamientos intrusivos de correos por contestar de la noche anterior.
- Comidas sentada en la mesa: meta, todas. Resultado, 3 de 7 días, vamos mejorando.
- Mensajes sin responder en el chat familiar: 347. Tasa de respuesta, baja. Tasa de culpa, altísima.
- Veces que dije "estoy bien" sin estarlo: no se midió.
- Ejercicio: Una clase de zumba en mayo, una clase de yoga en agosto, un domingo corriendo con una cometa intentando elevarla y 6 kilómetros de senderismo de montaña en octubre que aún siento en mis pantorrillas.
- Tiempo para mí: indicador en construcción. Se solicita presupuesto.
Análisis de resultados
Como buena santandereana, crecí en una casa donde el cariño se demostraba con un "¿ya comió?" y los problemas se resolvían hablando duro y sirviendo más arroz. Rara vez salía un "te quiero" espontáneo, pero eso sí, nadie se iba de la mesa con hambre. Aprendí temprano que ser fuerte era aguantar, y que aguantar era no quejarse.
Esa formación me ha servido mucho en el trabajo. En la oficina soy eficiente, resolutiva, la que siempre tiene un plan listo. En la casa soy exactamente lo mismo. Y ahí está el problema: llevo años administrando mi vida como si fuera la cuenta de uno de mis clientes. La maternidad tiene metas, el matrimonio tiene seguimiento semanal y yo tengo una lista de pendientes donde mi nombre ocasionalmente aparece.
Riesgos identificados
El principal riesgo para mantener esta operación es el agotamiento. Le siguen la costumbre de decir que sí a todo, la creencia de que pedir ayuda es fallar y una tendencia preocupante a resolver crisis existenciales a las once de la noche, frente al celular, comparándome con mujeres que hacen pan de masa madre y corren maratones al mismo tiempo.
Que conste en acta: esto no es una queja. He tenido una vida muy bendecida, llena de experiencias y de capítulos dignos de una comedia de Netflix. Pero con los años descubrí algo que ningún manual de bienestar me advirtió: ser feliz y vivir bien es perfectamente compatible con tener crisis, sentir que no eres suficiente y recibir, cada tanto, la visita del síndrome del impostor sin haberlo invitado.
Se puede ser una gran mamá y, al mismo tiempo, sentir que fallaste porque no llegaste a esa presentación de tus hijos. Se puede ser buena en tu trabajo y aun así pensar que en cualquier momento alguien va a descubrir que no sabes lo que haces. De todos esos capítulos he salido viva. Pero sobrevivir no es lo mismo que estar bien, y eso no lo muestra ningún informe de gestión.
Hallazgos de auditoría
Tras una revisión exhaustiva, léase: varias noches de insomnio, la conversación terapéutica con mi esposo y varias cuentas de coaches, horóscopos y carta astral después, la auditoría encontró lo siguiente:
- Los indicadores estaban mal planteados desde el principio. Nadie le puede poner meta al amor de una mamá ni KPI al tiempo en familia
- La empleada más importante de esta empresa (o sea yo) no hace pausas activas en su rutina diaria.
- "Brava" y "fuerte" no son lo mismo, aunque en Santander las confundamos seguido.
Plan de acción para el segundo semestre
No voy a prometer metas SMART. Prometo, más bien, algunas metas torpes y humanas:
- Contestar "regular" cuando me pregunten cómo estoy y no esté bien.
- Comer en la mesa, aunque sea un pan.
- Pedir ayuda antes de llegar al límite, no después.
- Hacer al menos 15 minutos de actividad física, por ejemplo, caminando hasta la tienda en vez de solucionar un pedido con Rappi.
- Escribir esta columna, que es mi manera de dejar de girar alrededor de todos y empezar a buscar mi propio centro de gravedad.
Conclusión
El semestre cierra con resultados mixtos y una certeza: no estoy en crisis, estoy en órbita. Y desde aquí arriba se ve algo que en la oficina no se alcanza a ver: muchas estamos dando vueltas igual, cansadas, haciéndolo lo mejor posible, con la sensación de que nunca es suficiente.
A ustedes, compañeras de órbita, les dejo una pregunta sin respuesta correcta: si hoy hicieran su propio informe de gestión, ¿qué indicador les daría más miedo mirar?
Fagaonline
Fabiola Andrea García
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